Entradas

Relatos desde el balcón # 4

Voy a cantar un corrido Si señores, voy a cantar un corrido sin agravio y sin disgusto. No, por cierto, lo que sucedió en Tres Palos, municipio de Acapulco, donde hará cosa de 100 años mataron a Simón Blanco, con implicaciones de cierta gravedad, pues era un gallito muy fino que el gobierno respetaba, y su muerte desató fenómenos sobrenaturales únicamente atruibuibles a la Providencia. Simón resultó ser un hijo desobediente, de ahí la tragedia. Su mamá se lo decía: Simón, no vayas al baile, pero eso era pura cobardía. Si se iba a morir, pues de una vez lo que se acabe. Era como una muerte anunciada, una crónica cantada. Cuando el león cayó en las redes de los Martínez, a nadie le sorprendió el desenlace. Algunos hechos no están muy claros, empezando por la hora del baile: las 2 de la tarde; pero puede que sea una costumbre acapulqueña. Al parecer, Andrés lo desarmó y Onésimo, que además era su compadre, vilmente lo balaceó. A los tres días de muerto Simón, los Martínez fallecieron...

Relatos desde el balcón # 3

La llegada de La Edad No me refiero a la cronología que, desde el instante en que somos concebidos, se mide en semanas y meses dentro del útero, y que, en el instante de hacer nuestra aparición en este mundo, contabilizamos en meses y años, del nacimiento a la muerte. Hablo de La Edad, así con mayúsculas, que es lo mismo pero no es igual, diría Silvio Rodríguez.  Muchos, presentes y ausentes, hemos llegado a un momento en el que La Edad se hace manifiesta; un momento irremediable en el que nuestro cuerpo y nuestra mente saben instintivamente dejar de hacer y pensar ciertas cosas que hasta ese momento formaban parte automática e incuestionable de nuestra cotidianidad, y empezar a hacer otras que nos parecen más cuerdas o convenientes, más a tono con una realidad incomprensible que de pronto resulta ser la nuestra.  No recuerdo en qué momento me empezó a preocupar caerme, ni cuándo opté por la comodidad de zapatos con tacón bajo. Sin perder mi estilo, mis gustos han...

Relatos desde el balcón # 2

Memorias de un recuerdo Conocí la casa de Hemingway en blanco y negro, mucho antes de visitar La Habana por primera vez. El tour, a cargo de un hombre calvo, de bigote y voz pausada nada cubana, empezó con una vista a vuelo de pájaro, como si yo estuviese asomada desde la gran torre hacia el jardín y la puerta principal. Como son los sueños, sin transición, me encontré dentro de la casa, recorriendo habitaciones con libreros ordenados, su máquina de escribir, su sillón favorito. Recuerdo unas cortinas blancas ondeando en la brisa que entraba por la ventana abierta. Las cabezas disecadas de varios trofeos africanos me recordaron los aspectos de Hemingway detestables a mi sensibilidad, como lo hizo el cartel de una corrida de toros madrileña. No encuentro justificación alguna a la crueldad gratuita, sin sentido, ni a la adrenalina de un perverso placer pasajero que, además, se ostenta en restos disecados como si fueran obras de arte del ingenio o la valentía humana.  No ob...

Relatos desde el balcón # 1

En tiempos de pandemia... El primer párrafo de una novela, o nos envuelve, nos intriga y nos hace seguir leyendo ávidamente, o bien suena x, y en ese caso, con algo de disciplina y cierta dosis de masoquismo, decidimos seguir adelante a ver si se pone buena la cosa y nos engancha, o de plano la hacemos a un lado.  Algunos inicios son tan memorables que, aunque no hayamos leído la novela en cuestión, de inmediato la identificamos. Por ejemplo, si digo “ En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, todos sabemos que se trata del párrafo inicial de  El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha , de Miguel de Cervantes Saavedra. En estos días de horas ilimitadas y cero distracciones, me di a la tarea de reunir ejemplos de primeros párrafos inolvidables, que me parecen geniales, que invitan a una lectura que se vuelve adictiva y que, en...